A ver centrémonos.
Yo me dedico principalmente a diseñar estrategias de comunicación, a redactar campañas de email marketing, a diseñarte una landing que atrape a tus clientes…
No voy a escribir una página para cada servicio que pueda hacer para ti.
¿Podría hacerlo?
Por supuesto.
¿Por qué no lo hago?
Hay muchos motivos buenos y de peso.
Imagina que llegas a un restaurante.
Vas a elegir lo que comerás y le pides al camarero que te sugiera algo.
Tú ya tienes cierta idea pero hay 20 platos en la carta y quieres ver qué es lo que él te propone.
Imagina que el camarero empieza a hablar.
Se lo tiene aprendido todo al dedillo y te hace un comentario excelente de cada uno de los 20 platos.
Le escuchas con educación pero en el tercero ya has desconectado.
Cuando termina le preguntas por uno en concreto.
Como mucho le pides que te recuerde 2 ó 3 de los que ha mencionado.
Al final, mareado de tanta información terminas pidiendo lo que tenías en mente desde el principio.
O pidiendo cualquier cosa al azar.
Yo no voy a marearte.
Tú tienes un negocio y tienes claro cómo quieres que funcione.
Yo estoy para facilitar no para marear.
¿Puedes pedirme que te haga una página de servicios?
Por supuesto.
¿Puedes encargarme que te haga una página de «sobre mi»?
Faltaría más.
¿Unas fichas para productos?
Lo que quieras.
Puedo hacerte la lista de la compra si es lo que necesitas.
Puedo redactarte el curriculum si es lo que me pides.
Puedo escribirle a tu pareja una carta de amor en tu nombre si te apetece.
Todo es hablarlo.
Te digo cómo va la cosa:
- Rellenas el formulario.
- Empiezas a recibir información útil e implementable.
- Contactas para solicitar más información y pedirme lo que necesitas.
- Te digo si lo veo bien, mal o regular.
- Te paso presupuesto.
- Aceptas presupuesto.
- Nos ponemos a vender como animales.
Sencillo verdad?
Pues dale duro, valiente.
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