Has llegado hasta aquí buscando una forma de ganar dinero. Más dinero.
Tienes un negocio digital o físico y quieres vender más de lo que vendes.
Es lógico, es humano y hasta sano.
Antes de explicarte por qué estás en el lugar correcto para conseguirlo deja que te cuente algo importante. Algo que si lo entiendes, te inflarás a vender lo que sea que vendes.
A veces la gente habla del miedo a vender.
Que si hay que valer para eso, que si hay que tener mucho morro…
Chorradas.
A la gente lo que le da miedo es el rechazo.
Es así.
Cuando eres adolescente y te gusta un chico, una chica o lo que sea que te guste te da miedo decírselo por si te rechaza.
Prefieres vivir de una ilusion que sentirte rechazado.
No levantamos la mano en clase por si respondemos mal y se burlan de nosotros.
Tenemos miedo de no ser aceptados.
De no pertenecer al grupo.
Por eso nos inventamos una personalidad que le mole a la gente.
Cada día más.
Vamos de felices, de generosos, de humildes, de solidarios….
Mis cojones.
Nadie es perfecto y todo es más sencillo cuando nos damos cuenta de que no debemos ser perfectos.
Steve Jobs era un tirano, Elon Musk es percibido como un bufón y Jeff Bezos le ponía los cuernos a su mujer.
No son perfectos y no le gustan a todo el mundo.
Se hinchan a vender.
Gary Halbert, el considerado mejor copywriter de la historia pasó un tiempo en la cárcel. Tiempo que aprovechó para escribir una obra maestra del género.
Tampoco era perfecto, y también se hinchó a vender.
No intentes gustar a todos siendo perfecto.
Yo desde luego no lo soy, ni quiero serlo.
Soy un tipo bastante orgulloso y me cuesta perdonar.
Debo mirármelo.
Si buscas en Internet información para hacer crecer tu negocio, encontrarás cursos, webinars y un montón de métodos milagrosos, patentados por mesías sin defectos.
Te encontrarás con una legión de gurús sonrientes, hablando de sus propósitos de ayudar a los demás y de cambiar el mundo.
«Me he forrado gracias a este método, pero quiero que nos forremos todos, por eso te lo vendo a 500 pavos en vez de estar en la playa disfrutando de mis millones….»
NO tio!
No
Me lo vendes porque tienes un negocio y quieres ganar dinero con él.
Dilo joder! No pasa nada
Yo tengo un negocio, tú también tienes un negocio, y lo que queremos es que nuestro negocio nos dé dinero.
Así de sencillo.
Si ganas dinero, ganas seguridad para ti y para los tuyos, ganas tiempo, ganas salud y ganas calidad de vida.
Mi negocio, consiste en hacer que tu negocio funcione mejor de lo que funciona hasta ahora. Que vendas más de lo que vendes y ganes más de lo que ganas.
Así de simple.
Hacer que tengas más tiempo para dedicar a la familia, jugar al paddle, emborracharte con los colegas. Eso da igual.
Lo importante es tener tiempo, y para eso hay que tener dinero.
Mucho dinero.
Por eso estás leyendo esta página y por eso, si la entiendes, tu negocio cambiará a partir de este momento.
No mañana.
No el mes que viene.
Ahora.
Cómo conseguirlo?
Sencillo. Atiende que esto es importante.
A las personas nos encanta comprar pero no nos gusta que nos vendan.
Esto es así.
Entramos a una tienda de ropa, y cuando se acerca el dependiente a ayudarnos, le decimos que estamos sólo mirando. Queremos tener todo el poder de decisión y que no nos den la tabarra.
Esto es lo mismo.
Cuando tu cliente entra en tu web o ve tu publicidad no quiere que le atosigues con ofertas o con datos. De hecho no quiere nada de ti. Quiere ver tu producto y decidir con la información que tiene.
Ahí entro yo.
La satisfacción de comprar, no está en el producto que compramos. El chute de dopamina, está en el proceso mental que nos hace imaginarnos con ese producto.
¿Cómo se consigue eso?
¿Cómo puedes hacer, que el cliente se imagine con tu producto y no con el de la competencia?
Con tus textos. Ni más ni menos.
Hoy en día, tenemos una oferta desproporcionada de productos a nuestro alcance. Lo que decide qué producto compras, es la imagen que te haces de ti mismo con ese producto o el de la competencia.
Te pongo un ejemplo y lo entenderás muy rápido.
Hace unos días me contactó Nico.
Nico fabrica, artesanalmente, y vende armas funcionales y uniformes de época. Son cojonudos no te voy a engañar, le va bastante bien el negocio.
Le pedí que me enseñara la página de alguno de sus productos.
Era una espada muy chula del imperio romano, no recuerdo la época exacta.
El caso es que en la web se veía una foto de la espada y cuatro frases en las que ponían las medidad y los materiales. Poco más.
Eso está muy bien pero eso cabría en la etiqueta.
Nadie compra por la etiqueta.
Nico debería hablar de un gran guerrero romano, debería hablar de Gladiator y de su espada, debería hablar de Excalibur y explicarnos que la ligereza de su espada nos hará sacarla de la roca como si fuéramos el mismísimo Arturo, debería hablarnos de lo cómodo que es blandirla porque el cuero de la empuñadura hace que sea como llevar a un niño de la mano.
Todo el mundo sabe quien es Arturo y es capaz de verle sacando la espada de la roca.
Todo el mundo medio normal sabe lo suave que es la manita de un niño.
Eso es fácil de imaginar.
Eso es lo que diferencia una ficha técnica y un buen texto.
Eso es lo que hace que ganemos dinero o mucho dinero.
Debemos meternos en la cabeza de nuestro cliente y darle lo que quiere.
El problema que tenía Nico, y el problema que tienen casi todas las personas que venden algo, es que les da miedo el rechazo y por eso siguen haciendo lo mismo que hace la mayoría.
Y si haces lo que hace la mayoría, seguirás estando donde está la mayoría.
Buscando formas de subsistir y salir adelante.
Mi trabajo es conseguir que destaques, que te desmarques de la multitud y saques la cabeza por encima de ellos.
Mi trabajo es hacer que multipliques las ventas de lo que sea que vendas y factures más de lo que probablemente imaginas, aunque vendas algo tan simple como sartenes.
Un copywriter de la nueva ola con mucha ética que regala felicidad, para venderte una sartén te hablaría de los materiales, de la resistencia al calor y de las medidas.
Te diría algo así como «sartén antiadherente de 20 cms de diámetro y 4 de espesor, fabricada en acero inoxidable para que prepares comidas deliciosas a tus invitados».
Un copywriter serio, uno que sepa lo que hace, lo que dice y por qué lo hace y lo dice, uno como yo por ejemplo, te diría: «hemos tenido que fabricar estas sartenes porque estamos hartos de que se nos peguen los huevos».
Creo que ya debes entender por donde van los tiros.
Todo el mundo sabe lo que es freir un huevo y que se le pegue. Nadie quiere que eso le pase y tus sartenes serán las que evitan que eso pase.
Todo el mundo sabe que tienes que quedarte pegado en la mente de tu cliente.
Lo que no todo el mundo sabe es distinguir un buen copywriter de uno que no lo es.
No sé si tú sabrías hacerlo pero te puedo asegurar que si lo haces es justo ahí donde encontrarás a la gallina de los huevos de oro.
Si no sabes perderás mucho dinero por el camino.
La autentica diferencia entre vender, o vender a lo bestia está simplemente en la forma en la que te comuniques con tus clientes.
Si les hablas como a robots no venderás nada. Si les hablas como a clientes venderás algo. Si les hablas como a personas venderás mucho.
Mira, yo trabajé captando socio para una ONG en plena calle.
Abordaba a personas a punta de carpeta y boligrafo para que colaboraran.
Eso no es puerta fría ni templada ni caliente. Ahí no hay ni puerta.
Ahí asaltas a la gente mientras va andando y ya solo conseguir que se paren es todo un reto.
El porcentaje de gente que se hacía socia era ridículo pero el porcentaje de gente que se paraba a escucharme fue aumentando en cuanto empecé a hacer algo muy simple.
Hablarles como personas.
Empecé a decir «hola» en vez de «perdone». Solo con eso, la mayoría paraban. Algunos incluso pensaban que nos conocíamos de algo.
A partir de ahí empezaba una conversación.
Pero no una conversación acerca de mi empresa y las fantásticas cosas que hacíamos y siguen haciendo.
Una conversación sobre lo que a esa persona concreta le apetecía: su trabajo, su familia, sus prisas….
Yo escuchaba con atención. Con mucha atención.
Y cuando veía el momento justo, cuando descubría su punto de dolor, era cuando empezaba a hablar.
Si me hablaban de su trabajo, les hablaba de la formación que esos niños recibirían para ser personas cualificadas.
Si me hablaban de su familia, les hablaba del ambiente sano en el que esos niños se criarían gracias a su ayuda.
Nunca.
Nunca.
Nunca les hablaba de lo desgraciados que eran aquellos niños y de la mierda de vida que tendrían si ellos no ayudaban.
Eso es feo y provoca tristeza.
Si haces que la gente esté triste no querrá comprarte ni saber nada de ti.
Lo que hacía era dibujar en su mente a un niño que se hace mayor y es feliz, sano y trabajador gracias a que alguien le ayudó.
Eso mola.
Los niños molan, y los niños que se hacen mayores y salvan obstáculos por el camino molan más.
Todo el mundo quiere que los niños se conviertan en adultos cojonudos.
Si es gracias a ellos mejor aún.
Mi tasa de contratación subió como la espuma, estaba preparado para un ascenso nunca visto en aquella empresa cuando dejé aquel trabajo, para emprender una nueva aventura laboral y vital.
Ya te hablaré de ella. De momento, te adelanto que también va mucho de hablar a la gente como a personas y no como a billetes con patas.
Ahora tú decides.
Puedes seguir hablando a tus clientes como clientes o puedes empezar a tratarles como a personas y facturar cada día un poco más.
Es sencillo. Muy sencillo. Si sabes cómo.
Si no sabes o no quieres arriesgarte a hacerlo mal, perdiendo tiempo y dinero, puedes rellenar el formulario.
Así empieza todo.
Empiezas rellenando un formulario y terminas viendo tu negocio muy arriba.
Debes rellenarlo completo para que te pueda responder.
Si lo haces te contestaré aunque no esté interesado en tu proyecto.