Un paciente demasiado impaciente

Hoy en el hospital he tenido emociones fuertes.

Veo a más de 150 pacientes diariamente así que casi siempre las tengo.

Hoy más.

Ahora te cuento.

Por pura estadística, cuando atiendes a tantas personas, un porcentaje de ellas son defectuosas.

Me refiero mentalmente.

Tienen taras.

Ya sabes eso de que trabajar de cara al público es lo peor.

Pues mira, por suerte la gente suele ser agradable y normal.

Es solo un porcentaje ínfimo el que viene a tocarte las pelotas.

O los pelotos.

Peeeero a veces el destino se alinea en tu contra.

A veces el azar, la fortuna o el ojo que todo lo ve, decide obsequiarnos con un grupúsculo de tarados, todos a la vez.

Sucede en contadas ocasiones pero cuando sucede, son memorables.

Hoy ha venido Margarita, que es un sol, pero la pobre anda más perdida que Espinete en un sexshop.

También ha venido una señora que no se cómo se llama.

Esa no es un sol.

Se ha puesto a faltar al respeto a todo quisqui que se acercaba a ella, incluido el resto de pacientes e incluido un servidor.

Me ha dicho literalmente que «debería visitar a un doctor porque no me entero de nada y estoy mal de la cabeza».

Todo hablándome de usted por supuesto. La gente sin argumentos siempre se agarra a las formas, eso da para otro email.

Pero faltaba la estrella.

El esperado.

El elegido.

Un crack.

Mientras estaba yo atendiendo al solete de mujer, he escuchado unos gritos.

Es más habitual de lo que debería ser normal, así que no me he escandalizado.

Hasta que he escuchado una palabra.

Una palabra fea.

Gili-pollas.

Así.

A voz en grito.

Ahí he afinado el oído y el discurso seguía: «vaya panda de gili-pollas, me van a comer todos la p…»

Me he acercado a verle, por curiosear.

Le he hecho ese gesto tan italiano con las manos.

Ese que hacen mientras dicen «piano, piano».

Pero cómo no tenía pinta de italiano le he dicho «suave, suave».

Y ha suavizado.

Y me ha explicado que llevaba un rato esperando y estaba hasta la p…

Yo le he dicho que me parecía estupendo pero que ni yo, ni el resto de pacientes teníamos la culpa y que mucho menos iba a recibir una comida de p… por mucho que lo gritara.

Pues el señor se ha vuelto super amable y educado.

¿Moraleja?

Te podría decir que he conseguido entrar en su conversación mental.

Te podría decir que le he persuadido con mis palabras.

¿La realidad?

Que no hay moraleja ni lección ni na.

El señor está mayor y dice lo que le da la gana.

Punto.

No hay lección.

A ver si te crees que yo puedo dar lecciones de algo.

Ya lo dijo una señora:

«debería visitar a un doctor porque no me entero de nada y estoy mal de la cabeza»

Pues eso, que lecciones no te doy pero si quieres un ver un servicio chulo de copy, rellena el cajetín y empezamos.

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